El frustrado asesinato de Rasputín

images (1)Había una vez un monje llamado Grigori Yefímovich Rasputín que nació y se crió en un pequeño pueblo de Siberia Occidental llamado Pokróvskoye. Éste fue un enigmático monje que gracias a que salvó la vida del hijo del zar de Rusia, Nicolás II, tuvo gran influencia en la Dinastía Romanov.

Desgraciadamente, esa amistad con la familia Romanov le costó la vida, ya que la envidia era tan fuerte que parte de la aristocracia rusa, encabezada por el príncipe Félix Yusúpov, quería asesinarle.

Rasputín que era un monje muy listo, escribió a la zarina diciéndole que le esperaba una muerte violenta por parte de la nobleza y predijo que si él caía, los zares harían lo mismo en menos de dos años. Por desgracia su profecía se cumplió y la revolución rusa acabó con el zarismo.

La noche del 29 de diciembre de 1916, el príncipe Yusúpov invitó a Rasputín a su palacio con motivo de conocer a su esposa, la princesa Irina, sobrina del zar, donde todo estaba preparado para llevar a cabo el plan de su asesinato.

En los sótanos del palacio un enorme banquete de pasteles y vino dulce presidía la cena. Todos estos pastelitos contenían cianuro en grandes cantidades. Rasputín no paraba de preguntarle al príncipe por su esposa y éste mientras le ofrecía vino dulce para enmascarar el sabor amargo de los pasteles a causa del cianuro, le contestaba que se estaba retocando, para ganar tiempo.

Asombrados se quedaron el príncipe Yusúpov y sus secuaces, cuando veían cómo Rasputín se comía los pasteles y disfrutaba de la fiesta cantando y tocando la guitarra. Simplemente experimentó una leve reacción de malestar, porque lo que no sabía Yusúpov era que el vino dulce que ofrecía a Rasputín, y que éste lo bebía como si fuera agua, contenía una gran cantidad de glucosa que inhibía los efectos tóxicos producidos por el cianuro. ¡¡Le estaba administrando el veneno y el antídoto a la vez!!

El cabreado Yusúpov bajó al sótano con su revólver y tras varios disparos e intentos por acabar con la vida del monje, lo tiró al río Neva ayudado por su séquito. Ésta fue, según la autopsia, lo que realmente mató a Rasputín.

El cianuro cuando llega al estómago reacciona con los ácidos desprendiendo cianhídrico, lo que impide que el oxígeno llegue a las células y causa la muerte. Podemos encontrar cianuro de forma natural en algunos alimentos. Muchos de ellos no los ingerimos, como las semillas de algunas frutas (manzanas, peras, cerezas, albaricoques, melocotones, ciruelas y ciruelas pasas). El problema existe cuando sí que los tomamos, como en el caso de las almendras amargas. Yo creo que después de tomar la primera, se nos quitarían las ganas de seguir probando y además tendríamos que ingerir una gran cantidad de ellas para que la dosis fuese letal en nuestro organismo.

Así que ya sabéis, si alguien de sospechosa actitud os invita a merendar y notáis un saborcillo a almendras amargas, tomad algo dulce para contrarrestar el efecto, disculpaos educadamente y salid corriendo sin mirar atrás.

5 comentarios sobre “El frustrado asesinato de Rasputín

    1. Muchas Gracias Bea!! Me alegro que disfrutes con mis artículos. Hay que variar para tener al público expectante con cada nueva entrada.Pronto colgaremos el siguiente, que seguro que también te gusta. Un Besazo

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